HISTORIA DE AL ANDALUS Capítulo 5. Sierra Morena, control almohade y el fin de al-Andalus

Con la subida al trono de Alfonso VIII, el reino de Castilla retomó la idea de penetrar en Andalucía a través de los puertos de entrada de Sierra Morena, tal y como lo había realizado su antecesor, Alfonso VII, los años anteriores.
Torre del castillo de Tolosa (los restos de la fortaleza se sitúa en la actualidad en el término de La Carolina, Andalucía). Este castillo fue una de las plazas fundamentales en la defensa del Muradal durante la época almohade. Su papel, fue muy importante en la Batalla de Las Navas de Tolosa (1212), tanto que terminó influir en uno de los nombres que se le dieron a dicha batalla.
Francisco José Pérez Fernández: Historiador
Para ello, se reiniciaron incursiones de desgaste y de pillaje en al-Andalus, fundamentalmente por los frailes calatravos y Alfonso VIII a finales del siglo XII. Incluso se tomaron castillos como el de Baños, junto con otros castillos de la zona en 1194. Todas estas tensiones tendrían su punto más álgido el 18 de julio de 1195, cuando castellanos y almohades se enfrentaron en la batalla de Alarcos. La victoria, recayó del lado de los almohades, recuperando el control de la cuenca del Guadiana junto con las plazas fuertes de Calatrava, Qal at Rabah y multitud de fortalezas que se encontraban en la ruta de Córdoba a Toledo.
Pese a esta victoria, Sierra Morena se convirtió en un problema para los almohades, conscientes de que durante los años anteriores Alfonso VII había tenido en esta sierra una lanzadera natural para la conquista de al-Andalus. Por ese motivo, los almohades intentaron controlar de forma efectiva las numerosas entradas naturales que se encontraban en Sierra Morena y los caminos que se introducían hacia tierras andalusíes. El puerto del Muradal y los pasos secundarios de entrada a la sierra se transformaron en un claro objetivo estratégico para el control definitivo del acceso al Valle del Guadalquivir. Las fortificaciones de frontera, tanto de uno como de otro bando, se convirtieron en las bases desde donde se efectuaban algaradas por territorio enemigo, con el objetivo de obtener botín y mermar los recursos del contrario.
El plan almohade se concretó al reforzar las plazas fuertes de Úbeda, Baeza, Andújar y Jaén mediante una cadena de castillos y torres que protegerían los pasos y puertos de entrada a al-Andalus en Sierra Morena oriental. La línea del Muradal, fue protegida por el castillo de Baños, de época califal y Tolosa, quedando reforzada con el castillo de Ferral en la misma entrada. Vilches se aprovechó como enlace con el Muradal, y controlaba junto con Giribaile otro camino que partía hacía Úbeda y Baeza. El castillo de Torre Alber, defendía otro paso de Sierra Morena, siendo plaza adelantada de Santisteban. Además, entre estas plazas fuertes existían pequeñas fortificaciones en lugares que por su orografía natural eran fácilmente defendibles mediante su reforzamiento con la adhesión de unos mínimos elementos defensivos que complementaban la defensa y control de los pasos del Muradal.
Pero en 1198, pese al gran esfuerzo constructivo que realizaron los almohades, un nuevo ataque de los frailes calatravos puso al alcance del reino de Castilla la entrada principal del alto Guadalquivir.  Los caballeros calatravos conquistaron el castillo de Salvatierra, lugar desde donde se lanzaron numerosos ataques sobre enclaves musulmanes de uno y otro lado de Sierra Morena, como por ejemplo Ferral, Tolosa, Baños o Vilches entre otras fortalezas que guarnecían el camino del Muradal e incluso a ciudades importantes del alto Guadalquivir. Como los ataques realizados en 1209 por Alfonso VIII a Jaén y Baeza, o los realizados por los calatravos a Andújar durante ese mismo año, repitiéndose similares incursiones en 1211. La presión fue tan grande que, durante el verano de este último año, el califa almohade al-Nāsir lanzó una impresionante campaña a través del camino del Muradal en la que logró recuperar Salvatierra tras un largo sitio de dos meses en el que utilizó numerosas máquinas de guerra.
La reconquista de esta importante fortaleza supuso un breve periodo de tranquilidad para los castillos que guardaban el Muradal, aunque finalmente, todos estos altercados entre Castilla y el Imperio Almohade fueron los prolegómenos de la gran batalla que se libró en el año siguiente, de 1212.  
Alfonso VIII de Castilla se colocó al frente de una coalición formada por los reyes Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, entre otras figuras visibles de la cristiandad peninsular y europea con el objetivo de vencer al ejército del califa almohade, Muhammad al-Nāsir y tomar definitivamente el Muradal y las importantes ciudades de Úbeda y Baeza. Esta vez, al contrario de lo ocurrido en Alarcos, la victoria se decantó del lado del Reino de Castilla, cambiando definitivamente el predominio de poder entre los reinos cristianos y al-Andalus. Con esta derrota, comenzó el declive militar y político de los Almohades y solo fue cuestión de tiempo la desaparición definitiva de estos en la península.
Esta batalla, fue conocida desde el lado cristiano como Batalla de Úbeda o de Las Navas de Tolosa, como se conocen la actualidad. Desde la parte musulmana, parece ser que fue más conocida como al-‛Iqāb, batalla de las cuestas o del castigo, en clara alusión a las consecuencias negativas que tuvo la derrota para los musulmanes.
Al-Andalus, sin un poder fuerte que la cohesionara, y pese a algunos problemas que tuvieron los reinos cristianos durante las décadas siguientes, fue reduciendo su territorio en beneficio del Reino de Castilla, pero también de Aragón y Portugal. De su legado, nacerá el Reino Nazarí de Granada, que se convertirá en uno de los reinos de la Península Ibérica junto con los reinos de Aragón, Castilla, Navarra y Portugal, ya que León quedó finalmente bajo la corona castellana en 1230. Navarra fue anexionada por Castilla en 1512.  
El Reino Nazarí intentará hacerse con un lugar predominante dentro de la Península, aunque finalmente se convirtió en un reino vasallo de Castilla, pagando las conocidas parias o tributos que garantizaron durante algunas décadas la independencia de este reino. A finales del siglo XV, y facilitado por las luchas dinásticas que debilitaron a los nazaríes, el reino de Castilla decide sitiar la ciudad de Granada, entregándose la ciudad en 1492.
Con la caída del Reino Nazarí de Granada desaparece la presencia política musulmana en la Península Ibérica. Pero su legado e influencia todavía es visible en multitud de lugares de la Península Ibérica que tienen su reflejo en su Arte y su Patrimonio, en la estructura de muchas de sus ciudades, en el lenguaje, en la cultura del agua y en multitud de aspectos que hace visible a al-Andalus en pleno siglo XXI.  


Para saber más:
Aguirre Sádaba, F. J. y Jiménez Mata, M. C., Introducción al Jaén islámico (Estudio Geográfico-Histórico), Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 1979.
Castillo Armenteros, J. C., «El asentamiento islámico de Giribale», en Gutiérrez Soler, L. M., Guía arqueológica de Giribaile, Asodeco, 2011, págs. 330-396.
Eslava Galán, J., Los Castillos de Jaén, Granada, Universi-dad de Jaén y Ediciones Osuna, 1999.
López Payer, M. G. y Rosado Llamas, M. D., La Batalla de las Navas de Tolosa. Historia y mito, Andújar, Caja Rural de Jaén, 2001.
Pérez Fernández, F. J., El Castillo de Tolosa, Bubok Publishing S.L., 2013.
Ruibal Rodríguez, A., «Castro Ferral, Las Navas y Baños de la Encina, tres enclaves islámicos en la Alta Andalucía», en Homenaje al profesor don Manuel Garzón Pareja, Granada, Ayuntamiento de Granada, 1985, págs. 285-304.
Salvatierra Cuenca, V., El Alto Guadalquivir en época islámica, Universidad de Jaén, 2006.

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